De viajeros durmientes y gente desconsiderada
Soy usuaria de transporte público desde hace 5 años. Antes cogía un autobús de vez en cuando, generalmente de los urbanos, pero cuando empecé la universidad me habitué a hacer largos trayectos en autobús, tren o metro. No me importa lo que tarde, siempre prefiero el transporte público antes que el coche.
Ahora mismo tengo que hacer un número absurdo de horas de autobús porque estoy trabajando en la otra punta de Madrid, así que veo muchas más cosas curiosas, anécdotas de transporte, a diario.
Aparte de gente ruidosa, adolescentes y pre-adolescentes en medio de la edad del pavo, gente que se lima las uñas, que se maquilla (en mitad del traqueteo del bus, me parece una proeza digna de elogio), gente con niños (en carrito, o andando, en brazos… una vez vi a una mujer con un bebé en brazos y un niño de unos 3 años de la mano…).
Pero también se ve lo peor de la gente. Señoras que empujan para entrar antes en el autobús (esté o no vacío…), gente que te impide salir del vagón del tren porque quieren entrar cuanto antes (a pesar de los carteles de “deje salir antes de entrar”), empujones, empellones, aplastamientos… Vaivenes en el autobús porque algunos conductores piensan que lo que llevan atrás son cajas en vez de personas… aunque otros conducen como la seda: hay de todo.
Hace poco, bajándome de uno de los autobuses que cojo a diario, en su última parada, vi que un hombre se había quedado dormido en su asiento. La gente pasaba a su lado, sin decirle nada, sin despertarle. Me pareció horrible, quizá no es una total y absoluta desgracia, pero, ¿de qué no seremos capaces si ni tan siquiera podemos pararnos 10 segundos a despertar a una persona? Me sobrecogió una sensación de profundo asco hacia el género humano, hacia nosotros como especie, que vamos a lo nuestro e ignoramos a los demás. Somos egoístas y nos importa bien poco si nuestras acciones hacen daño a alguien, al planeta o incluso a nuestro vecino… mientras sigamos viviendo con toda clase de lujos.
Cuando llegué al lado de este señor, le sacudí un poco en el brazo y se despertó. Después, seguí con mi camino.
junio 24, 2010 a 11:06 am
Pues hiciste bien, yo hubiese hecho lo mismo, total, no pierdes nada más que unos segundos y encima le haces un favor a alguien, y no lo digo para quedar bien o para que los demás me admiren y piensen: Oh! Qué buena persona que es Faty!, sino porque si yo hubiera sido ese señor del que hablas pues me gustaría que alguien se acercase a mí y me despertase.
La verdad es que, como bien dices, te encuentras gente de todo tipo en el transporte público; a mí lo que más rabia me da son algunas señoras mayores que quieren que le cedas el asiento en el que te encuentras ( y a veces vas tan cargada que ni te puedes mover), se creen que por ser joven no estás cansada o no te pasa nada en los pies (como es el caso de mi tobillo), y me refiero a esas señoras que te insinuan descaradamente que quieren sentarse en tu sitio y luego van subidas en un tacón de aguja de unos 7 cm de alto, flipa…
Un besote muy gordo y a seguir sobreviviendo en esta jungla de asfalto!
junio 24, 2010 a 11:10 am
Yo en el metro ahora voy de pie, pero si es verdad que hay gente muy desconsiderada, sobre todo cuando cumplen una determinada edad. A mí me pasó en el segundo bus que cojo todos los días, que se llenó de gente hasta los topes y me tocó ir de pie… y luego, en la segunda-tercera parada (unos 10 minutos de trayecto) mucha de la gente que iba sentada, se bajó. No pensamos en los que van a ir hasta la última parada… (como es mi caso…). La verdad es que en el metro suelo ir a mi aire, pero el tema despertar a la gente, o ayudar a bajar carritos de bebé por las escaleras… suelo hacerlo. Recuerdo una vez que una muchacha se ofreció a ayudarme a bajar la maleta que abultaba pero no pesaba, me pareció un gesto genial. Todavía queda gente buena en el mundo!!
octubre 5, 2010 a 2:45 pm
El transporte público saca a relucir lo peor de la gente; según se abren las puertas del vagón me convierto en una persona completamente diferente y peor.
Cuando empecé a utilizarlo era una persona considerada, pero vista la fauna que me rodeaba (incluyendo señoras de 50 años que se cuelan porque sí, o que ceden tu asiento a una embarazada, sin preguntarse por qué vas con los ojos cerrados y cara de dolor -tenía una migraña de la ostia y había pedido permiso para salir del trabajo media hora antes por eso- en vez de ceder el propio, y gente que te mira con cara de… en fin) cada día paso más de todo el mundo: si hay un asiento libre lo cojo, no dejo pasar primero a las personas mayores (a menos que sean de VERDAD mayores, que los de 40 y 50 sólo son mayores para lo que les interesa) y sólo cedo el asiento a ancianos, embarazadas y lesionados; pero pasando del personal de 50 que te mira con cara de asco o te increpa a voces (y ya he tenido que decirles más de una vez que si quieren ir sentados se cojan un puto taxi; ignorando lo que el resto del pasaje piense, he pagado mi billete y punto).
¡Ah! Y me regocija poner los pies en el asiento de enfrente SIEMPRE que puedo.
Así que… ¡que la Fuerza te acompañe en este frío e inhumano Madrid!
octubre 5, 2010 a 4:01 pm
Cuánta razón tienes, Renostan. Yo no suelo sentarme, y, si lo hago, como voy leyendo no me doy cuenta de si tengo que ceder el asiento o no, pero desde luego no se puede ceder otro asiento que no es el tuyo. Y la gente que no entiende lo de “DEJAD SALIR ANTES DE ENTRAR”, me pone de los nervios. Generalmente, ante ese tipo de personas, yo no me aparto y suelen llevarse un empujón. Que hubiesen esperado, que es norma principal de educación.. Muchas gracias por tu comentario!