Hace dos años…
Hoy me siento triste. Llevo un poco triste una temporada, sí, es verdad, pero hoy estoy especialmente “azul” (que dirían los ingleses). Hoy ha sido mi último día de trabajo donde me he pasado los dos últimos años.
No ha sido ninguna sorpresa: era becaria, sabía que este día iba a llegar, pero me llegué a acostumbrar a ese sitio, a la gente que había allí (y sus peculiaridades, que eran muchas) y me ha resultado terriblemente desolador recoger hoy mis cosas y saber que era el último día que haría eso… la última vez que iba a realizar mis tareas como becaria competente que soy (ejem), la última vez que iba a pasar la tarjeta de acceso por los tornos…
Odio las despedidas, y en esta vida, en cada etapa que cierras te despides de algo: de una persona, de un lugar, de una parte de tí mismo. Siempre hay algo a lo que decir adiós.
Supongo que se me pasará esta sensación “raruna”. Supongo que encontraré otro trabajo, espero que pronto, y supongo que me llevaré bien con la gente de ese hipotético pero más que probable puesto laboral. Bueno, un pelín asocial sí que soy, y quizá mi presencia estos dos años en mi ex-curro ha sido un poco silenciosa (que no muda).
El caso es que sí, encontraré un trabajo, no lo dudo. Espero que pronto, por el bien de mi consumismo. Pero estos dos años en esta empresa para mí han sido un antes y un después. En este sitio he madurado como persona: entré como una estudiante a realizar unas prácticas y terminé de becaria. Ha sido mi incursión al mundo laboral.
Pero toda etapa de aprendizaje debe finalizar, más tarde o más temprano, y creo que mis días como becaria deberían tocar a su fin. Digo deberían porque el mundo laboral está como está, lo sabemos todos, y puede que no me quede más remedio que aceptar cualquier beca… Pero me he propuesto firmemente buscar un trabajo.
Además, mientras el trabajo de mi vida me encuentra, tengo un montón de cosas para llenar el tiempo: estanterías repletas de libros, dos sobrinos geniales con los que jugar, un artilugio tecnológico que quizá debería estrenar (concretamente el nike + iPod, para correr y eso…), un PROYECTO que terminar, una asignatura que preparar para septiembre (sólo entregar prácticas), una memoria que redactar, un segundo blog en marcha (otro proyecto, este con minúsculas, que no sé si llegará a buen puerto o no, puesto que apenas actualizo un sólo blog… no digamos si tengo que escribir en dos…), un temario de oposición que debería estudiarme… y como mil millones de series y películas (ups, pirateadas…) para ver.
Vamos, que no debería tener tiempo para aburrirme. Además, como diría mi Amante Onírico, aburrirse es de débiles.
abril 7, 2010 a 12:21 pm
Ohhhhhhhh, que bonito!!!
A mi también me pasa siempre, siempre que me tengo que despedir de alguien por mucho tiempo o de algún lugar en el que haya vivido, en el que haya trabajado… También me cuesta mucho hacerme a la idea de que probablemente no voy a volver allí, pero allí quedará un trocito de mí, un poco de mi trabajo, y seguro que una parte permanece siempre en la mente de los compañeros…
Ánimo, que seguro que encuentras trabajo en menos de lo que piensas!
Un besooo
abril 9, 2010 a 12:11 am
¡Sí, las despedidas apestan!
Pero bueno, supongo que en el curro como en el amor, el primero no es siempre el último, vaya, que todavía tienes que encontrar tu trabajo azul (por lo de príncipe azul, ¿has ententido? ^^! )
Yo he tenido que despedirme de unos cuantos y curiosamente del que más triste me fui fue de uno en el que estuve ¡sólo un mes! pero me encarié mucho con la gente y me dio pena irme. Además, había una muchacha que me hacía tilín
Llegarán otros trabajos, o “el trabajo” y mientras tanto puedes aprovechar para hacer otras cosas, como bien dices, puesto que cuando estés trabajando echarás de menos tener más tiempo libre.
¡Vivan los asociales!
abril 14, 2010 a 6:06 pm
le has pasado el trapo al blog antes de postear??? se estaba llenando de polvo…