Porque las decisiones que tomamos no tienen porqué ser definitivas. Porque podemos cambiar de opinión. Porque no es una buena idea ponerse a pensar cosas cuando en las dos últimas noches juntas 9 horas de sueño (en total).
Por todo esto, y mucho más, tengo que pedir perdón por la última entrada que escribí. Perdón por varias cosas.
En primer lugar, a la persona de la que hablo, por decir que no sería capaz de hacer algo cuando me ha demostrado muchas veces lo contrario. Porque las cosas se hablan, y una vez habladas es cuando una se puede rayar (o no). Porque ha demostrado tener una paciencia y un saber estar digno de un Nobel (o quizá esto sea una reacción normal, mi única relación realmente seria y larga no es un ejemplo a seguir). Por ser tú, por existir y por aguantarme las rayadas. Lo siento. Aishiteru… aunque esto ya lo sabes.
En segundo lugar, pero no menos importante, quería pediros perdón a todos aquellos que me leéis, pero no comentáis. Estaba en un momento muy malo, mucho sueño y una sensación muy extraña (quizá a un paso de ver médicos calvos y bajitos…), y no debí decir esas cosas… Sobre todo quería pedir perdón a Rhea, que habitualmente sí entra en este blog y sí deja comentarios (aunque en las últimas entradas no lo hayas hecho).
De vez en cuando me tomo las cosas a la tremenda, tengo auténticos ataques de pánico y escribo para desahogarme… Al rato se me pasa y en fin.. queda ahí la prueba…
Si os he preocupado, lo siento, de verdad. Y si os he herido, lo siento aún más.